Conversaciones Parte 3 – 27/04/2011

Por Julio Bocalatte y Marcos González Cézer

Para la Agencia de Noticias Télam

 En el repaso de sus 30 años en la Argentina, Víctor Hugo Morales no soslaya la importancia de su trabajo puntual y, en ese paquete, lo que fueron sus relatos emblemáticos.

 Hay un paradigma, claro está, convertido ya en leyenda: aquel del «barrilete cósmico» en el segundo gol de Diego Maradona en el Argentina 2 – Inglaterra 1 por los cuartos de final del Mundial de México 1986, en el que el seleccionado nacional salió campeón.

-¿Lo recuerda, Víctor Hugo?

-Cómo no.

-Por las dudas, entonces: «La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona. Lo marcan dos. Pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja el tendal y va a tocar para Burruchaga. ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta… Goooooool. Gooooool. ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol! ¡Golaaaaaaazooooooo! ¡Diegooooooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme. Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico. ¿De qué planeta viniste? Para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina. Argentina 2, Inglaterra 0. Diegol. Diegol. Diego Armando Maradona. Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra 0».

-¿Saben qué? Durante años no quise escucharlo. Lo hice al otro día del partido y no me sentí bien, me dio un poco de vergüenza.

-¿Por qué?

-Suelo decir que fue como si me filmaran un día que me dio por salir corriendo borracho por la calle y luego me pasaran la película. Les cuento algunos hechos que recuerdo de ese episodio. Sé que por un instante me quedó la mente en blanco, una especie de emoción violenta como la que suele mencionarse en hechos criminales. Que blandía el puño hacia alguna gente. Que lloré, claro, recuerdo que lloré.

-Y después, durante buena parte del relato del partido entre Argentina e Inglaterra, se la pasó pidiendo disculpas.

-Es verdad, porque sentía que había hecho una macana. Así que en efecto pasó bastante tiempo antes de aceptar el relato y confieso que sólo lo escucho cuando me sorprenden. Pero el tiempo me fue poniendo a buenas con el gol. Un día empecé a decirme que quién era yo, qué clase de desagradecido a la vida era yo permitiéndome negar el episodio más trascendente de mi vida como relator.

-¿Qué le objeta puntualmente a ese relato?

-El exceso y la falta de detalles en la narración. «Genio, genio, genio, tatata…», qué se yo, no tiene nada de descripción. Diego pasaba tipos como si fuesen conos y yo dale con «genio, tatata».

-De todos modos, con sus dudas, con sus cuestionamientos, entiende que, al menos en su condición de relator y para el pueblo futbolero, es el momento más importante de sus 30 años aquí.

-Claro que lo entiendo. Es lo único que habrá de sobrevivirme profesionalmente. Cuando sea nada más que huesos o polvo alguien escuchará ese gol. Nada menos que eso le debo a Diego. La posibilidad de haber dejado un rastro, una huella. Y en vida me dio afecto, trascendencia fuera de fronteras, respeto entre los colegas relatores.

-¿Recuerda por qué fue un relato tan visceral?

-Una prodigiosa combinación entre el arte de Diego y algunas cuestiones personales. El gol fue maravilloso y aunque siempre se habla de la expresión «barrilete cósmico», creo que el acierto mayor fue declararla la jugada de todos los tiempos.

-¿Y las cuestiones personales?

-Creo que, en principio, se mezcló lo de Malvinas, que aún era una herida abierta toda vez que se pensaba en los ingleses. Allá en México se disimulaba, pero todos sabíamos del profundo deseo de los argentinos por ganar ese partido, aunque más no fuera ése. Y otro hecho era una cierta bronca con México porque le daban la contra a la Argentina y también a Uruguay, eso lo padeció mi mujer en la tribuna en un partido de la «Celeste».

-Evidentemente se le mezclaron varias cosas.

-Exacto. Por eso gritar el gol en ese escenario de los pupitres de la tribuna, ante algún colega mexicano que tenía especialmente identificado, me dio muchísimo gusto. En cierto modo también me dolía, porque México ha sido un país muy especial para mí. Era Cantinflas, Miguel Aceves Mejía, José Alfredo Giménez… Había ido de luna de miel porque tenía fascinación por el país y, miren cómo son las cosas, hoy un hijo mío vive en México, está casado con una mexicana y tengo un nieto mexicano.

-¿Y desde el costado puramente futbolístico, no había nada?

-Sí, había también. Alimentaba la locura en el relato el hecho de tener razón, algo que el ser humano anhela más que nada.

-¿En qué le daba la razón aquel gol de Maradona?

-En haber sostenido a Carlos Bilardo. En medio de todo lo que se oponía a la Selección de Bilardo, yo había hecho una buena apuesta personal, muy convencido y con esa desmesura que suelo aportar a mis convicciones. Ganarle a Inglaterra era ver el pronóstico cumplido. Todo eso fue parte del relato.

-Hay otro relato simbólico de un gol de Maradona.

-A ver…

-… Redondo para Maradona, Maradona para Redondo, Redondo para Cani, Cani para Redondo, Redondo para Maradona, Maradona en la media luna, tiróooooo, ¡gol! ¡Goooooooooolllll! ¡Gooooooolllll argentino, Mmmmmmaradona! Un maravilloso remate al ángulo superior derecho como fin de una jugada fantástica del equipo argentino, una sucesión de toques, no se sabía dónde estaba la pelota, parecía en un flipper, pero toda la maquinita parecía azul. Finalmente Diego Armando Maradona sin que nadie lo esperara sacó un remate soberbio al ángulo superior derecho. Aquí los argentinos cerca de la cabina de Radio Continental se miran con asombro y se dicen: «¿Pero vos viste lo que fue eso? ¿Pero vos te das cuenta? ¡Está vivo! ¡Gardel está vivo!». Remató de media vuelta, la puso en el ángulo y Maradona, acordándose de un griego que solía hablar con humildad, esta vez dijo: «De fútbol lo sé todo».

-El gol de Diego a Grecia, tercero de Argentina, en el Mundial de Estados Unidos 94.

-Exacto.

-¿Ven? Lo comparo con el relato en México y digo: es genial. Pido perdón por decirlo así, me abochorna, pero es lo que siento. Es un relato extraordinario. Hay detalles, velocidad, un anticipo increíble porque se escucha claramente que la gente clama el gol después de mi grito. Eso es un buen relato de un gol.

-Pero, eso sí, siempre Maradona…

-Sí, siempre Maradona en mi vida de relator. El primero en la Argentina, aquello de «la soltó como una lagrima»; uno en Florencia, «si viviese Miguel Angel te pinta, Diego, te pinta». El gol a los ingleses. Los que le metió a Belgica en las semifinales del Mundial de México, uno que hablo de que por la tangente de la tierra, no se qué cosa, algo de los tapones de los zapatos de Diego, el mundo a los pies de Maradona; el pase a Caniggia contra Brasil en el Mundial de Italia 90, el último gol que metió con la camiseta de Boca (aquel globo impresionante contra Belgrano)… Diego fue siempre el gran estímulo a la imaginación de los relatores y los comentaristas. Lo que Mozart o Picasso para un analista de arte, eso fue Diego para mí. (Télam).