“Y la banda siguió tocando”

Año: 1993

Director: Roger Spotiswoode

Título: “Y la banda siguió tocando”

Intérpretes: Matthew Modine (Dr. Don Francis), Alan Alda (Dr. Robert Gallo), Patrick Bauchau (Dr. Luc Montagnier), Nathalie Baye (Dr. Francoise Barre), Ian McKellen (Bill Kraus), Saul Rubinek (Dr. Jim Curran), Phil Collins (Eddie Papasano), Richard Gere (Coreógrafo), Anjelica Huston (Dr. Betsy Reisz), Lily Tomlin (Dr. Selma Dritz), Jeffrey Norlding (Gaetan Dugas), Glenne Headly (Mary Guinan), Steve Martin.


Don es un honesto investigador que lucha por aislar el virus del SIDA. Trabaja junto a un grupo de colegas igualmente heroicos pero jaqueados por la falta de fondos, las trabas burocráticas y la indiferencia del gobierno de Reagan. Simultáneamente un grupo de investigadores franceses está logrando importantes avances.

Es uno de los mejores films realizados en torno del SIDA. Ofrece una estructura coral en la que se luce el elenco.

El principal cronista del SIDA en los años ´80, Randy Shilts, conjeturó que el virus comenzó a activarse en 1976, en un marco donde desde fines de los ’60 Estados Unidos veía crecer imparable la liberación sexual. A los norteamericanos les llevó varios años salir de la negación colectiva de la enfermedad que se iba expandiendo por todo el territorio. La epidemia recién tomó estado público el 2 de octubre de 1985, la mañana en la que murió Rock Hudson, quién reconoció públicamente la enfermedad muy poco tiempo antes de su muerte.

Randy Shilts fue el único periodista norteamericano que cubrió los avatares de la epidemia desde el primer momento y vivió lo suficiente (murió en 1994, él también víctima de la enfermedad) para contarlo casi todo –desde la denuncia política a las discusiones internas de la comunidad gay– en la importantísima crónica “Y la banda siguió tocando”, inspiradora de la película de Roger Spotiswoode, hoy reconocido como uno de los textos centrales sobre el SIDA.

“La gente se moría y nadie le prestaba atención –escribió–, porque a los medios de comunicación de masas no les gustaba cubrir historias de homosexuales y les espantaban particularmente las cuestiones relativas a la sexualidad gay. Los periódicos y la televisión evitaron polemizar sobre la enfermedad durante mucho tiempo, hasta que el toque de muertos fue demasiado estridente para ignorarlo y las víctimas dejaron de ser sólo marginados. Pero de pronto, en el verano de 1985, cuando se diagnosticó la enfermedad a una estrella de cine y los periódicos no pudieron evitar hablar de ella, la epidemia del SIDA se hizo palpable y la amenaza asomó por todas partes. Lo más significativo fue que se vislumbró por primera vez que aquella extraña palabra iba a formar parte del futuro para siempre.”(Zeiger, C. -09/10/04-: «Y la banda siguió escribiendo», Página/12, ver artículo completo )

El film de Spotiswoode nos muestra cómo comienza la investigación un grupo de científicos en Estados Unidos frente a las consecuencias mortales de la epidemia. En un momento histórico donde recién se vislumbraba la aparición de los retrovirus, un equipo de médicos del CDC (Control de Enfermedades) de Atlanta, conformado por dos epidemiólogos, uno de ellos especialista en hepatitis B y fiebre del Ébola, un especialista en enfermedades de transmisión sexual, otro experto en factores huéspedes, un sociólogo, y una médica de Salud Pública de la ciudad de San Francisco, se van dando cita para intentar resolver un problema de múltiples variables, en un contexto de reducción del gasto público en Salud y aumento del presupuesto de Defensa. Son los años ’80 de Reagan, y la epidemia hace su aparición en las ciudades de Nueva York, San Francisco y Los Ángeles.

Tres interrogantes atraviesan el trabajo del grupo durante todo el film: ¿Qué sabemos? ¿Qué pensamos? ¿Qué podemos probar? Cada miembro del grupo, desde su especialidad, pero articuladamente junto a los otros, va reconstruyendo alguna parte del complejo rompecabezas. La enfermedad se debe a un organismo desconocido que no pueden ver ni aislar. No saben si es un agente simple o la combinación de varios factores. No saben cómo se transmite. La analogía del Pac Man con la desaparición de las células T de los enfermos les da la idea de que algo se come al sistema inmunológico de las personas.

Mientras los epidemiólogos trabajan analizando muestras en el laboratorio y reflexionando sobre las estadísticas, el sociólogo reconstruye una larga cadena de contagios. Esta es una prueba de que se trata de una enfermedad de transmisión sexual. Pero entonces aparecen bebés recién nacidos infectados, hemofílicos, pacientes operados que recibieron transfusiones de sangre. ¿Entonces también se transmite por la sangre? Los pasos canónicos de la ciencia, las pruebas más allá de la conjeturas, son lentos, y el virus no puede ser aislado pues las células bajo investigación se mueren antes de poder terminar de experimentar con ellas.

El film muestra paralelamente la ambición unipersonal de un eminente científico (el Dr. Gallo) contraponiéndolo al trabajo en equipo tanto de los protagonistas como del grupo que realiza la misma labor en Francia, quienes con fondos y recursos finalmente logran aislar el retrovirus antes que los norteamericanos.